lunes, 1 de agosto de 2011

MORIR DE HAMBRE

MORIR DE HAMBRE
Acabo de sentarme a leer la prensa después de subir al ayuntamiento para que se acercasen a ver los columpios de la fuente pues han sido varias personas las que estos días me han comentado que estaban deteriorados y convendría darles un repaso para evitar males mayores a nuestros niños.
Después  de leer los tres periódicos que habitualmente leo, observo que apenas hay ninguna referencia al tema de Somalia. Esto me ha dado pie a expresar algunas opiniones sobre este asunto.
El cuerno de África lo componen Somalia, Kenia, Etiopia y en menor proporción Yibuti. Si, si, para que nos situemos, es esa punta de abajo del mapa de África.
Las proporciones de la crisis humanitaria por la hambruna en Somalia son totalmente dramáticas. Estamos ante un drama humanitario de proporciones tal vez nunca conocidas. En el sur de Somalia, la zona más afectada por la sequía, la tasa de malnutrición aguda alcanza hasta el 82% de la población. Es decir, de cada 100 personas 82 pasan hambre, apenas tiene algo que comer y muchas de ellas están en estos momentos condenadas a morir de hambre. No sé si alguna vez, amable seguidor de este blog, te habrás puesto a pensar qué seriamos capaces de hacer si viésemos que un hijo o un nieto nuestro se muere de hambre y no tuviésemos absolutamente nada que darle para que se llevase a la boca. Puede ser dramático morir, pero morir de hambre cuando hay otra parte del planeta que, a pesar de la crisis, nada en la abundancia, despilfarra, etc. es simplemente patético.
No quiero demandar caridad en estas líneas. Quiero de alguna manera pedir  simplemente solidaridad. Es mi intención sobre todo denunciar con rotundidad el que la comunidad internacional (nosotros formamos parte de ella) no haya sido capaz de desarrollar medidas de prevención a medio y largo plazo para dar capacidad de resistencia a estas comunidades ante situaciones de emergencia como la que nos ocupa.
El factor desencadenante ha sido esta vez una sequia, la mayor de los últimos 60 años. Como consecuencia de ella la pérdida de las cosechas y el ganado y por tanto una subida brutal del precio de los alimentos básicos, ha puesto a miles de seres humanos en el camino de la muerte, aparentemente irremediable, por no tener nada que comer.
Somalia lleva ya décadas instalada en una continua inseguridad alimentaria adobada con una violencia que no cesa, sin duda ninguna porque el mundo occidental no muestra demasiado interés en que acabe. El 1992 otra hambruna se cobró la vida de 300.000 somalíes. ¿Qué se hizo entonces?. Pues básicamente dejar las cosas como estaban y esperar que la madre naturaleza fuese benigna en la medida que puede ser benigna en esa parte del mundo.
De una u otra manera hay en este momento millones de somalíes afectados por la sequia y por tanto susceptibles de morir de hambre pero la situación es bastante dramática también en los países de acogida como son Kenia y Etiopia.
Uno se queda perplejo de ver cómo todavía podemos admitir que haya gente viviendo así, perdón, muriéndose así, cuando nosotros vivimos como los marajás
Este mundo en algunas cosas como este tema del hambre es un verdadero escándalo.
Pero en occidente seguimos mirando hacia otro lado. Básicamente hacia los bancos, a quienes les damos miles de millones para que sigan ganando dinero a nuestra costa. Qué gran fracaso del ser humano. Millones de personas mueren de hambre por la ambición de unos pocos... Pero claro, es que esta historia, no vende. ¿Dónde están los medios de comunicación libres?. Si, libres, pues los que vemos y leemos diariamente me cuesta creer que lo sean. Hoy dedican más espacio, más tiempo, a contarnos los fichajes astronómicos de los futbolistas de turno que al tema que nos ocupa en esta entrada.
Estamos a unos días de la visita del papa Benedicto XVI a Madrid.  No seré yo quien discuta sobre la necesidad o utilidad pastoral de esta visita. Allá cada cual con sus pareceres y sus creencias. Pero yo sí que preferiría que las decenas de millones de euros que va a costar esta visita (euros de nosotros los contribuyentes) se enviasen a Somalia. Si se ejerciese una consulta democrática sobre este tema mi voto iría en ese sentido sin lugar a dudas.
Soy de los que creen que, la veamos o no, la auténtica revolución está por llegar. No puede durar para siempre que mientras unos despilfarran, otros se mueran de hambre.
La situación que hoy comentamos es sin duda el fracaso de la humanidad en lograr una forma de gobernar global y democrática en la era de las comunicaciones, en un momento en que las barreras físicas pueden ser eliminadas con gran facilidad y a 63 años de que se proclamase la universalidad de los derechos humanos.
Hoy la comunidad internacional, de la que formamos parte, debe sin mayor dilación liberar todos los medios necesarios para aliviar el sufrimiento de dos millones y medio de somalíes que han abandonado sus hogares huyendo del hambre y hacía ninguna parte. Hacia ninguna parte pues la situación de las zonas de destino tampoco les garantiza la solución a su problema del hambre.
Pero esto no se resolverá salvando unos miles de vidas que, siendo sin duda muy importante y urgente en este momento, no solucionará el problema si de nuevo relegamos otra vez al olvido al Cuerno de África.
Es posible que caigamos una vez más en esa especie de desidia pensando que bueno, por una parte esa punta sur de África está un tanto lejos de esta nuestra confortable vida y por otra nosotros poco podemos hacer.
Tremendo error. Somalia está a cuatro horas de avión de donde nos encontramos. Esta situación se produce después de recolectar las tres más grandes cosechas de la historia de la humanidad. Se produce mientras, según acabo de leer, el sueldo de la cúpula dirigente del banco de Santander creció un 24%. Mientras….. etc. etc. Sencillamente nos falta solidaridad. Sí, nos falta solidaridad aquí y ahora, pues mientras Somalia se muere de hambre, no somos capaces de privarnos de nada aunque se nos llene la boca hablando de crisis económica. Aquí, en nuestro pueblo por no reducir no vamos a reducir ni las fiestas.
Crisis económica sí, crisis democrática también, pero crisis con mayúsculas es morir de hambre.
José Luis Ochoa