miércoles, 18 de abril de 2012

LA CONFIANZA Y LA MONARQUIA

Cuando aparentemente parece imposible por el momento conseguir lo que para el gobierno, a juzgar por su machaconería diaria, es un objetivo prioritario, es decir, conseguir la confianza de los mercados, va el monarca y se produce una triple fractura de cadera al caerse mientras estaba cazando elefantitos en la republica de Botsuana. República que está situada al sur de África y cuyo territorio, aproximadamente el 70%, está ocupado por el desierto de Kalahari que más de una vez hemos visto en reportajes en la tele. Por lo menos nos va a servir el asunto para saber dónde está La Republica de Botsuana a pesar de los recortes en la Educación.
Pues sí, si lo analizamos un poco detenidamente parece que esto estaba diseñado como una conjura contra la monarquía de este país. Coincidente con el día de la república y mientras nos estamos jugando el futuro de nuestros hijos y nietos, ya que en este momento, parece que estamos avocados a una elección entre educación o barbarie (sálvese quien pueda diría uno), sin posibilidad de instalarnos en la neutralidad de intentar pelear por la mejora de la propia educación, apostando claramente por la enseñanza pública accesible para toda la ciudadanía, nos enteramos que el Rey, el mismo que hace unos meses demandaba honestidad, confianza, etc. en el discurso navideño, intentando salvar no sé qué, llevaba unos días de safari por las Áfricas.
Mucho se está escribiendo y hablando y mucho se hablará y se escribirá sobre el tema por lo que voy a intentar no repetir en demasía las mismas cosas que se están diciendo, las mismas cosas que estamos escuchando, aunque estemos de acuerdo con algunas de ellas. En los tiempos que corren, hay ciertas cosas que la ciudadanía no entiende y ésta es una  de ésas cosas. Que es un tema de inconsciencia e hiriente para gran parte de esta sociedad con la que está cayendo, es evidente. Cualquier ciudadano en estos momentos podía suponer preocupado al Rey por el estado progresivo de ruina del país y trabajando para sacar a España de este hoyo, es decir, arrimando el hombro tal y como nos lo demandan a los españolitos de a pie todos los días. Pues bien, aparentemente estábamos equivocados.
Después de lo de Urdangarín, lo del nieto, etc. solo nos faltaba una historia de safaris en el preciso momento de los recortes, de la intervención o del rescate o lo que este por venir. Ya está bien, ¿no? ¿Pero no es esta la misma persona que hace tan solo unas semanas proclamó que no le dejaban dormir los problemas del país y de la juventud?
Me niego a entrar en este momento a opinar sobre si galgos o podencos. Señores políticos de derechas, de izquierdas, de centro o de lo que quieran, digan ustedes lo que les venga en gana pero la verdad y la lógica no tiene mas que un camino. Dejen de cobijarse en el obscurantismo, en “también el Rey tiene derecho a su vida privada”, “yo le diré lo que pienso de este hecho al Rey en privado”, “verdaderamente ha sido un desliz desagradable que no debe cuestionar la existencia de la propia institución” etc. etc. Cada día le parecen a uno estos “señores” políticos más banqueteros y más pesebreros.
Hace tiempo que llegó el momento de la transparencia, de la luz y de los taquígrafos y de abandonar las largas cambiadas en este país si queremos tener alguna esperanza de regeneración democrática y social. Dígannos a la ciudadanía qué ha costado el safari, las roturas, los aviones, las idas  venidas del personal por este “pequeño” desliz etc. etc. etc. y nosotros ya sabremos juzgar los comportamientos en su justa medida y a su debido momento.
Es posible que hasta acierten quienes en estos días están pensando que la sucesión de hechos como los que se están produciendo en torno a la Casa Real española es un camino sin retorno hacía a la abdicación. Nosotros no lo pensamos así ni muchísimo menos.
Estamos demasiado habituados a que los ecos de la noticia vayan atenuándose sepultados por la siguiente novedad, llámese Repsol o como toque. Estamos acostumbrados a que el expediente se archive y las capas de polvo que produce el barro, que componía el lodazal, cuando se seca hagan la labor de mortaja.
En cualquier caso es tan constante el abuso que el Rey hace de la prudencia de este país que a pesar de todo uno se pregunta con alguna frecuencia ¿hasta cuándo esperará el honrado ciudadano para renovar el viciado aire de  esta oscura y cerrada estancia en que se ha convertido España? No sabemos cuál será el futuro de esta monarquía que parece sigue los pasos de la corte de los milagros que narraba Valle-Inclán con aquellos personajes con una cara de día y otra distinta durante la noche.
Uno se pregunta cada día con más frecuencia ¿qué pensaran de nosotros allende los pirineos? ¿Pero así esperan conseguir la confianza de no sé quien por la que tanto suspiran?
Séase como sea, a uno, como demócrata, al margen de dimes y diretes además de parecerle injustificable la reincidencia de estos tipos de comportamientos por parte  de la máxima autoridad representativa de este país, le  resultan incompresibles las manifestaciones de la mayoría de los políticos y sus posicionamientos insuficientes en rotundidad tal y como demandamos una gran cantidad de la ciudadanía. Uno puede ser monárquico, republicano o lo que le dé la gana pero si se es demócrata no se puede marear la perdiz con que si esta es una monarquía parlamentaria o  qué sé yo lo que es. Sea la monarquía como sea, entendemos, por supuesto,  que los desplazamientos de don Juan Carlos fuera del territorio nacional deberían  ser comunicados al gobierno y por ende a la ciudadanía, como sucede en la mayoría de los países democráticos, aunque las leyes españolas no establezcan nada al respecto. Y esto en esta ocasión tampoco está nada claro cómo se ha producido ni si se ha producido.
No es la primera vez que se da una situación similar. Cuando el 15 de agosto de 2005 se produjo el accidente del helicóptero Cougar en Afganistán en el que murieron 17 militares españoles, el Rey también se encontraba de cacería en Botsuana y se organizó la misma polémica sobre si el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, estaba informado de su ausencia. Don Juan Carlos regresó a Madrid dos días después del siniestro.
Este asunto de los elefantes se mire como se mire nos parece sencillamente patético. Por si alguien no lo sabía, el Rey es el presidente de honor de la ONG WWF España desde que se creó esta institución allá por el año 1968. Pues bien esta ONG, dedicada en principio a la protección de la naturaleza, ha denunciado que los elefantes están amenazados en muchas partes de África por la caza furtiva y la pérdida de hábitat augurando su extinción en 50 años si no se implantan más medidas de conservación. Pues bien, los responsables de esta institución prefirieron no opinar sobre el asunto si bien, transcurridos varios días,  no han tenido más remedio que reaccionar y en este momento parece han enviado una carta a la Casa del Rey mostrando su “malestar y preocupación” lo cual, desde nuestro punto de vista, nos parece totalmente insuficiente.
Como demócrata uno aspira a que todos cuantos nos gobiernan o nos representan sean elegidos por el pueblo y lo demás, lo dicho, largas cambiadas y marear la perdiz mientras el personal se va llenando la mochila de desconfianza. Desconfianza en estos momentos por la subida del IRPF, la amnistía fiscal (por cierto ya rechazada por el 52% de los votantes del PP) y los ajustes en Sanidad y Educación que contradicen los mensajes lanzados en la campaña electoral por el hoy presidente del gobierno. Desconfianza por una monarquía que no está, entendemos, a la altura de las circunstancias y que ponemos en tela de juicio como demócratas hasta su propia existencia.
En fin, digámoslo claro, estamos bastante saturados de desconfianzas y monarquías como consecuencia de los comportamientos de unos y otros.
José Luis Ochoa