martes, 20 de noviembre de 2012

EL CANCER DE LA DEMOCRACIA


EL CANCER DE LA DEMOCRACIA
De las distintas acepciones que a la palabra cáncer le asigna el diccionario de la lengua española, en esta ocasión , con el fin de que se entienda lo que queremos manifestar en los siguientes renglones, nos quedaremos con aquella en que define cáncer como algo maligno, tumor creo que denomina, que invade y destruye. De ese algo maligno que destruye la propia democracia es de lo quiero comentar algo en esta entrada.
Es verdad que aunque uno no sabe si ha sido intencionadamente por parte de no sé quien o quienes o si ha sido como fruto de la propia inercia del pasar de los meses sin que llegasen soluciones ni mejorías, más bien al contrario se han ido pasando los meses transitando  por caminos y senderos sin discontinuidad el “de mal en peor”, pero aquí cuando hablamos de crisis parece como que nos refiriésemos exclusivamente al tema económico. Grave error pues esta crisis si algo tiene es que es sistémica y ya, como consecuencia de ello, a estas alturas de la película, con demasiada frecuencia, percibimos distintas desafecciones, distintas indiferencias, en la ciudadanía. Desafecciones hacia los políticos en general, desafección y dudas en el sentido de que aquí y ahora haya alguien capaz de solucionar esto ni de incluso mejorarlo. Parece que se está instalando en la ciudadanía el “esto no tiene solución”. Y esto nos preocupa.
Que esta crisis se va a llevar por delante cosas mucho más graves, por su incidencia en el futuro de este país, que la situación económica es indudable, aunque a veces nos cueste verlo. Por supuesto que no hacía falta de que aterrizase en nuestra sociedad esta crisis que desde años atrás nos está ahogando para ver, con excesiva frecuencia, a algunos ciudadanos que creían su deber suficientemente cumplido con la democracia con el hecho de acercarse a emitir su voto cada cuatro años. Pero uno percibe que se están dando pasos hacía la apatía política muy claros últimamente y sobre todo en según qué sectores de la sociedad, en según qué grupos de ciudadanos. Estamos olvidándonos, no sé si como fuese una huida hacia adelante, de que si uno no gobierna su casa, otros de fuera vendrán y se la gobernaran a uno y entonces lo de quejarse si que no servirá para nada. Cuando el ciudadano reniega de alguna manera de sus obligaciones como ciudadano tiene garantizada su vivencia actual y su futuro al pairo de lo que desee, haga, diga y decida quien ha llegado de fuera.
Cuando escuchamos preguntas similares a ¿cómo es posible que estén gobernando…..fulanito o menganito? uno casi siempre se contesta algo parecido a “por dejación política del personal”, porque no nos preguntamos en su momento porqué optamos por una opción u otra. Cuando votamos y nos olvidamos de todo y raramente nos preguntamos o nos interesamos por lo que hacen aquellas personas a quienes hemos votado, algo grave estamos haciendo de cara al futuro con esa manera de actuar y de despreocuparnos. A veces criticamos más fácilmente  a los políticos a nivel nacional e incluso provincial que a los políticos locales cuando las más de las veces nos interesa prioritariamente, porque nos afecta de manera más cercana, lo local.
Esto es lo que entendemos por cáncer de la democracia. El cáncer que como tumor maligno está invadiendo nuestros comportamientos y que si esto no cambia destruirá la democracia y al final la “solución”, si es que llega, será mucho más dura, mucho más virulenta.
Que el bipartidismo ha sido bastante nefasto hasta este momento en este país, desde nuestro punto de vista, está clarísimo. El bipartidismos ha sido y sigue siendo bastante deficiente como motor del crecimiento democrático. El bipartidismo es una fórmula cómoda para el mejor control de los que tienen el poder real, es decir, el económico.  Vivimos unos tiempos en los que la libertad como facultad de decisión de las mayorías de los pueblos se está mermando continuamente y vemos como a veces las decisiones las toman unos pequeñísimos grupos de personas y entendemos que muchas veces no precisamente son las más capacitadas. Vivimos día día observando que los comportamientos democráticos son las más de las veces mera fachada y observamos demasiados dirigentes con escaso convencimiento democrático o al menos esas son las conclusiones a las que nos vemos avocados cuando vemos sus comportamientos.
Acabamos hace unos días de vivir una huelga general, la segunda desde que la mayoría del PP está gobernando este país. Al margen de las guerras de cifras, uno vislumbra que algo está pasando en esta piel de toro. Que los sindicatos de este país tienen que cambiar, que tienen que adecuarse a las circunstancias que estamos viviendo es más que evidente. Que quienes gobiernan parecen de alguna manera interesados por lo menos en que la fuerza de los sindicatos quede lo más reducida posible es igualmente evidente. Que hoy tiene mucha más fuerza de convocatoria esas asociaciones y agrupaciones multidisciplinares también es evidente. Que el personal, la ciudadanía no se “fía” demasiado de partidos y sindicatos es asimismo evidente. Igualmente es evidente que últimamente es la gente en la calle, y no precisamente convocada por los partidos políticos ni por los sindicatos, la que poco a poco está consiguiendo avances. Estamos convencidos que sin la gente protestando en la calle el tema de los desahucios no se hubiese comenzado a mover. A veces yo pienso que intentan engañarme pues hace poco tiempo para los socialistas era imposible arreglar la ley de desahucios. Ahora hasta dicen pedir perdón por su actuación en el pasado reciente. La tensión social está comenzando a desbordar a la política. La presencia en la calle de los ciudadanos parece que es lo único que funciona ahora. El ciudadano se está moviendo.
Esta es ahora mismo nuestra esperanza. Esta es la medicación que pensamos necesita la señora democracia, actualmente bastante enferma, para que no se la lleve por delante el cáncer de la apatía política, de la despreocupación por el quehacer de los políticos e incluso la despreocupación por el quehacer de los políticos más próximos a cada uno de nosotros. Cuanto más tardemos  cada uno de nosotros en administrarnos el medicamento más en peligro estaremos poniendo  la propia subsistencia de la democracia y como consecuencia ineludible de ello, el futuro, nuestro futuro y el de los nuestros.
No somos ácratas ni mucho menos pero al mismo tiempo que pensamos es urgente que partidos políticos y sindicatos de este país cambien profundamente y muchos de sus dirigentes desaparezcan de la escena política para siempre, es necesario y mucho más urgente que cada uno de nosotros atajemos el cáncer de la democracia.
Cualquier cosa que merezca la pena hay que luchar para conseguirla. Nadie nos va a regalar nada, seremos lo que seamos capaces de hacer nosotros mismos. El futuro es un logro, no es un regalo.
José Luis Ochoa