sábado, 19 de noviembre de 2011

DECEPCIONADO, INDECISO Y PREOCUPADO

DECEPCIONADO, INDECISO Y PREOCUPADO
Al fin, ya estamos en lo que llaman jornada de reflexión. Digo llaman pues pienso que no hay tal. No hay tal porque ahí estarán los medios de comunicación durante todo el día dándonos la matraca sobre el cierre de la campaña electoral de ayer y en definitiva siguiendo con la campaña. Igual hasta es más lógico tal y como hacen en otros países donde no tienen la llamada jornada de reflexión. En este momento seguramente incluso hubiésemos agradecido un día menos de campaña. Sinceramente se nos ha hecho muy larga. Se nos ha hecho muy larga principalmente por los contenidos o, mejor dicho, por la falta de contenidos en los mensajes de la inmensa mayoría de los candidatos. A mí me resulta verdaderamente pesado escuchar el mismo rollo para no decir nada, para no decir qués, cómos y cuándos, que entendemos es lo que le interesa al ciudadano saber para poder emitir su voto en función de esos conocimientos y en función de la confianza y credibilidad que le merezca cada candidato.
Desde mi punto de vista han sido demasiadas oportunidades perdidas. Demasiadas horas invertidas por parte de los que han hablado y por parte de los que hemos escuchado con la esperanza de descubrir algún plan concreto, algún qué y algún cómo que nos hubiesen hecho salir de nuestra indecisión. No ha sido así y por tanto de ahí nuestra decepción. Nuestra decepción como demócratas, pues hemos oído hablar muy poco de democracia. Hemos oído hablar muy poco de propuesta de cambio de la ley electoral con la que no estamos en absoluto de acuerdo por desproporcionada e injusta.
Es cierto que en el transcurso de la campaña hemos vislumbrado algún matiz distinto cuando algún candidato se refería al tema griego o al italiano, pero no ha habido un posicionamiento claro en contra de lo que nosotros entendemos ha sido un atropello de la democracia en toda regla. En algunos casos lo han justificado por el hecho de que al final son los parlamentos de los respectivos países los que ratifican a los primeros ministros impuestos por el capital insaciable que quiere cobrar con buenos intereses lo que presta, aunque sea a costa de cargarse el estado de bienestar e incluso la propia democracia. A quienes de alguna manera lo justifican que vayan poniendo sus barbas a remojar.
Por todo esto estamos decepcionados. Estamos decepcionados pues entendemos que se ha perdido una gran ocasión de explicar, de decir qué, cómo y cuándo para que los ciudadanos de a pie hubiésemos ido mañana a votar con convencimiento, con confianza y con la seguridad que estábamos apoyando lo que sin duda era mejor para la mayoría, era lo mejor para salir del tinglado en donde nos han metido. No ha sido así y por lo tanto va a seguir teniendo gran fuerza ese voto cautivo que digan o no digan, que expliquen o no expliquen, sin importarles en absoluto los contenidos de los programas, apoyan a su partido, a su opción política aunque dentro de cuatro meses se vean en la necesidad de aguantarse o de romper amarras y salir a la plaza pública a gritar en contra de aquellos a los que votaron.
Estamos decepcionados como demócratas y estamos indecisos. Hombre, a estas alturas de la película sí que tenemos claro alguna cosa. No vamos a apoyar a quienes no han dicho ni palabra de lo que piensan hacer si ganan las elecciones. Nos costará apoyar a quienes han ostentado el poder y han dejado de hacer aquello que ahora dicen van a hacer. No podemos apoyar a aquellos cuyos colegas de partido en esta tierra nuestra apoyan a quienes cobran comisiones mas que dudosas, recortan todo lo recortable como el sastre torpe que no tiene inconveniente en cortar hasta el mismo patrón, mienten al ciudadano, etc. Ademas los apoyan sin decir una sola palabra  simplemente por aferrarse a la banqueta que no al sillón. Digo banqueta pues uno piensa que están más cerca de la inestabilidad de la banqueta que de la solidez de un buen sillón. Veremos mañana los resultados y veremos las consecuencias a corto plazo. No voy a apoyar con mi voto a quien su colega de partido, en este mi querido pueblo, con su actitud, prefiere gobierne en minoría la lista más votada con un porcentaje de votos muy inferior al 50% pudiendo haber gobernado una coalición apoyada por bastante más del 50% de los votos emitidos en las pasadas elecciones. Para apoyar a alguien, como anoto más arriba,  entre otras cosas, tienes que tener confianza en el grupo, en el partido que lo sustenta y la confianza tiene mucho que ver con aquello de “por los hechos los conoceréis”.
Estamos pues indecisos en este momento y solo tenemos claro que mañana votaremos. Votaremos a alguna opción cuyo cabeza de lista seguramente no será presidente del gobierno de España los cuatro próximos años y, a pesar de todo, en ningún momento nos sentiremos perdedores, mas bien al contrario, pues habremos decidido nuestro voto no por cautividad si no por racionalidad democrática.
Y estamos preocupados. No sé donde leía ayer que en estos últimos tiempos hemos tenido que aprender la relatividad democrática. Puede que sea cierto en alguna medida pero para nosotros es mucho más cierto que contra los recortes democráticos no cabe otra que una lucha decidida en pro de la democracia. La democracia y la libertad no es algo que se tiene y ya está. No es algo que se lo den a uno y ya lo tiene para siempre. No, creemos que es algo que hay que conquistar todos los días apoyando, denunciando, informando, dialogando, eligiendo, etc. día tras día. De lo contrario en cuanto te descuidas llega el espabilado de turno y te las birla. Claro que para defenderla, para reconquistarla día tras día hay que creer en ella y aquí hay demasiados políticos de pacotilla para quienes no es su objetivo prioritario ni mucho menos.
Estamos preocupados pues nos da la sensación de que aquí mañana no vamos a elegir un presidente de gobierno con fuerza para gobernar,  por mucha mayoría que consiga. Pensamos que vamos a elegir, como decía algún comentarista ayer, a un siervo obediente y sumiso de las directrices de Europa, de quien maneja la pasta y que, por otra parte, no nos va a sacar de este atolladero tan fácilmente.
Hay que contar con que el cambio de gobierno no mejorará per se la situación. Solamente los obtusos aplaudidores y los agitadores de enseñas pueden sostener que la llegada de un nuevo presidente a la Moncloa va a reducir el riesgo de impago de la deuda. Es más, el cambio puede ser peor si el nuevo gobierno no explica rápidamente de dónde sacará los 41.000 millones de euros que se necesitan para cumplir con el bendito objetivo de déficit del año 2013. Bueno a decir de los entendidos hay por ahí 43.000 de escaqueo, pero aquí nadie dice nada de eso y por tanto….paganinis, paganinis. Tampoco pensamos que por el simple hecho de cambio de gobierno la confianza en los mercados se da como por arte de magia, luego….   preocupados.
Cada cual hemos hecho lo que nos ha parecido en esta larga, larguísima campaña electoral. Hemos dicho y escrito lo que hemos creído oportuno. Hemos escrito de decepciones democráticas por falta de contenidos de los debates electorales. Hemos hablado de la falta de miramiento democrático a la hora de someter la democracia a otros poderes distintos del que emana de la ciudadanía. Hemos escrito de fotos, de fraude democrático, etc. etc. mientras otros han callado lo que no les convenía decir. Ahora a penas nos queda dar un largo paseo por estos caminos de mi pueblo, cenar esta noche con algún amigo, esperar a que amanezca mañana domingo día 20, acercarnos a votar y aguardar el resultado de las urnas con la satisfacción del deber cumplido como demócrata.
Mientras tanto nos sentimos decepcionados, indecisos y preocupados.
José Luis Ochoa